miércoles, 24 de noviembre de 2010

Diario Delhirio · Capítulo 4: De la primera excursión

· Capítulo 4: De la primera excursión ·

8 de noviembre de 2010
[*]
No había ni pizca de miseria, ni de tristeza, no había signos de conciencia en la mirada de aquel niño, no tenía ni cuatro años y daba saltitos, bailaba descalzo, con un pijama mugriento a la entrada del Raj Ghat. Pero aquel niño era feliz, era puro, era la mirada más pura del mundo, la pobreza le parecía lo normal, porque la infelicidad viene cuando conoces cosas mejores y no las puedes tener, y él no conocía más de lo que tenía, y me clavó una mirada alegre, limpia, me clavó. No, no, este mundo no está bien. Tenemos que cambiar muchas cosas. Le doy 50 rupias, pero eso no cambia nada.
Dentro de unos años este niño habrá crecido, ya sabrá de qué va esto y recorrerá las calles monoteísta, no Ganesha ni Krishna, sólo Dinero le ayudará y sólo a él adorará. Pero aún no.
[*]
Habíamos contratado un taxi a través de una agencia para hacer un pequeño tour por la ciudad. Aunque al principio no me fiaba mucho, todo salió bien: India Gate, homenaje a los soldados caídos en guerras; Raj Ghat, la pira funeraria de Gandhi; y de repente, un callejón: "I show you an extra monument", nos bajan del coche y nos meten en una tienda. Ropa, joyas, instrumentos musicales, estatuillas... menudo "monumento extra".
Compramos algo por compromiso (yo, un ek tara) y nos vamos. Los comerciantes indios son honrados, insistentes y pícaros, pero finalmente honrados.
[*]
Red Fort cerrado, así que terminamos el tour en la Jama Masjid, la mezquita, y en las calles que la rodean: la gente, los puestos, la comida, las chabolas, la masificación, una muestra de la India profunda, la muestra más auténtica y más intensa que veremos en todo el viaje.
Al volver al hotel acordamos con el taxista el viaje a Agra para dentro de dos días.
[*]
Cenando en el Pizza Hut me siento extraño, después de todo lo que vimos por la tarde alrededor de la mezquita, aquí hay tanta gente sin problemas, tantoa adolescentes vistiendo de marca, luciendo móviles, tantas familias nucleares (aunque con la misma desgana que muchas occidentales: noto en la madre una mirada de "otra vez cenamos en el mismo sitio" y en el padre una de "otra vez ceno en el mismo sitio con los mismo... yo creo que me merezco un ascenso y una secretaria a mi cargo dispuesta a todo..."). Hay cosas que son iguales en todos lados.
[*]
No puedo dormir, son las 12 y media pero no paro de pensar en las imágenes del día, los niños, el bullicio, todo masificado, todo casi en ruinas, los olores, la gente, los niños. Guinda está soñando que entrevista a José Luis de la Vega y un mono se nos cuela en la habitación. Yo sigo oyendo la letanía de cláxones, velocidad, velocidad, la mente me corre a mil por hora. Además, la calle no se calla, aquí abajo están de obras, oigo un martillo mecánico y un camión cargando escombros. Delhi está tan desvelada como yo. Me pregunto cómo estarán ahora los niños de esta mañana.


LOS NIÑOS


(Continuará...)

1 comentario:

WYdaH dijo...

(...) : } Excelente !..) ...} ·))